Los implantes de barba, una realidad en alza

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  • Las barbas incompletas, las cicatrices, el acné o el cambio de sexo están detrás del microinjerto de barba, que sigue aumentando tras su popularización en el mundo de la moda y la estética masculina.
  • Los implantes de barba se pueden realizar a través de dos técnicas, y es imprescindible -al igual que en el caso de las cejas- que el diseño sea fiel a las características estéticas del paciente para que el cambio sea lo más natural posible.

En los últimos años la moda y la estética masculina han dado un giro de 180 grados proclamando a un claro protagonista: la barba. Símbolo de masculinidad para ellos y atractivo según ellas, se ha convertido en el complemento más demandado. Pero la genética, el acné o las cicatrices hacen que no todos los hombres puedan sumarse a esta tendencia, por lo que está aumentando la demanda al respecto en el sector de los implantes capilares.

El pelo de la barba es similar al de la cabeza, por tanto el criterio para extraer los folículos pilosos y realizar el microinjerto es el mismo que si se realizara en el cuero cabelludo. Entre las diversas técnicas de microinjerto, la más recomendada para el cabello facial es la tira. Este procedimiento no requiere rapar el pelo, por lo que se ve claramente su dirección de éste y se puede direccionar con más precisión, consiguiendo el resultado más natural posible. Asimismo, se puede realizar mediante la técnica FUE (extracción de unidades foliculares) tanto manualmente como mediante el robot Artas.

Las barbas incompletas o el cambio de sexo pueden ser otras de las razones para el cambio de imagen que cada vez solicitan más pacientes, en busca de unos resultados que son visibles a los seis meses. Según indica el Dr. Velasco de Aliaga, “este procedimiento se puede realizar sobre cualquier zona de la barba ya sean patillas, bigote o mejillas, con el objetivo de dar mayor densidad a barbas poco pobladas, con pequeñas calvas o cicatrices e incluso en pacientes imberbes”.

Uno de los métodos que se utilizan para llevar a cabo esta intervención es la técnica strip. En ella, las unidades foliculares (cada unidad folicular contiene de 2 a 5 cabellos) no se obtienen de forma individualizada (pelo a pelo) de la zona donante (generalmente la parte posterior de la cabeza) sino que el experto extrae una tira de la piel de esta área para después obtener de ella los folículos que se van a implantar al paciente en la zona a repoblar (en este caso, la barba).

Esta técnica, también conocida como microinjerto FUSS (Folicular Unit Strip Surgery) ofrece la ventaja de que permite realizar una gran cantidad de injertos de cabello en una sesión más corta, de ahí que los expertos la recomienden para añadir densidad capilar a esta zona y otras similares como las cejas o las patillas y también en aquellas alopecias que presenten poca extensión.

La extracción de una tira de piel en la zona donante deja en ella una cicatriz casi imperceptible, que queda perfectamente disimulada por el propio cabello del paciente. En cuanto al aspecto de la barba “injertada”, el resultado es totalmente natural, aunque hay que tener en cuenta que, al igual que ocurre con los microinjertos realizados en otras zonas corporales, es necesario esperar un periodo de adaptación (2-5 meses) para dar tiempo a que el nuevo cabello crezca de forma normal y definitiva.

Tras la intervención el paciente debe cuidar minuciosamente la higiene durante los primeros días, pero a partir del décimo día puede comenzar a utilizar cremas hidratantes, incluso retomar el afeitado normal al mes de la intervención. “Al principio empezó como un servicio para aquellos pacientes que se habían quemado la cara, por acné o por cicatrices que hacen que la barba haya perdido continuidad en la cara”, explica el doctor, pero tras invertirse la tendencia ausente de cabellos y metrosexual, estamos ante un fenómeno cada vez más habitual en los quirófanos.